segunda-feira, 3 de junho de 2013

Militancia fronteriza - Del Mercosur al Pueblosur

Publicado en Ciudad Nueva – Uruguay-Paraguay – Junio 2013, p.04


La población en las ciudades fronterizas vivió durante años abandonada por sus Estados. La frontera era el lugar de la marginalidad nacional, y los gobiernos se preocupaban por las ciudades del litoral y por los centros urbanos centrales.

Aquí, en la frontera entre Brasil y Uruguay, la gente, olvidada por sus gobiernos centrales, fue creciendo en el camino de la integración real, de hecho, la integración para la supervivencia, identificando las ventajas y desventajas de este y de aquel lado de la frontera de acuerdo a las crisis políticas y económicas del “lado de allá” y del “lado de acá”.
Integración de necesidades e intereses: comprar acá para utilizar allá, o comprar allá para usar o vender acá, era una forma de supervivencia económica de estas dos poblaciones que crecieron juntas, con diferentes identidades nacionales, pero en un mismo círculo real de identidad compartida, binacional, fronteriza.

Hoy en día, la “cabeza ideológica” de los Estados está cambiando en relación a las fronteras. El mundo bipolar terminó, y en esta etapa multipolar de nuestra historia internacional, algunos Estados se van agrupando. Los gobiernos de Brasil y Uruguay están dejando de ver las fronteras como espacios de separación territorial, de división nacional, y comienzan a verlas como posibilidades privilegiadas de cualificación de la integración.
Las ciudades fronterizas de Brasil y Uruguay ya son integracionistas, desde hace décadas. Antes de que los Estados descubrieran la integración, en estas ciudades se vivía la integración de hecho. Integración del pueblo, sin el apoyo de los Estados.

Ahora que los Estados “despiertan” a la integración, podrían hacer más por las poblaciones de la frontera, que todavía viven presas de los obstáculos jurídicos que impiden la cooperación de municipios e intendencias binacionales en las áreas de salud, educación, transporte, seguridad, cultura, asistencia social, ya que las leyes están hechas para los que viven en las ciudades centrales y no para los que viven en ciudades integradas y binacionales de la frontera.

La paradoja de la integración regional es que la gente necesita una herramienta para la integración, pero no la tiene, y los gobiernos gastan en una estructura que debería ser integradora y no lo es. El problema del Mercosur es que comenzó por el lado equivocado de la integración: por el mercado de las grandes empresas. No inició ni por el pueblo ni por el mercado del pueblo, sino por el gran mercado. En lugar de comenzar por ser un Pueblosur o Povosul, tuvo ese mal comienzo, enfocado en el mercado de las grandes empresas. El pueblo precisa un instrumento al menos binacional de integración, y no lo tiene, porque el Mercosur está lejos de la frontera, no sólo desde el punto de vista físico, sino también político.

Así como el pueblo de las ciudades de la frontera Brasil-Uruguay, yo también soy integracionista, al estilo fronterizo: integración de hecho, material y no mera metafísica de la integración. Militancia fronteriza también significa apoyar, ser “hincha” y trabajar para que un día podamos tener instrumentos útiles de integración regional, enfocados en los problemas reales de la gente. Podríamos quizás comenzar por ocupar la sede del Mercosur y cambiar su nombre y su identidad en Pueblosur o Povosul.

Fábio Régio Bento*
* El autor es sociólogo e investigador en la Universidade do Pampa en Santana do Livramento (Rio Grande do Sur, Brasil).

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